Viviano Vargas, el tallista popular de Canoabito, se encuentra enclavado en los
cerros del Occidente de Carabobo, el 15 de Octubre del 2002 tuve la oportunidad
de visitarlo en su humilde y acogedora casa en Canoabito (Canoabo), me recibió
en el porche de la casa en el cual entablamos una conversación de mas de 2
horas. Viviano Vargas nació en Canoabito el 2 de diciembre de 1917, hablando
pausado Viviano cuenta sus vivencias, se especializa en la talla de trípticos,
la inspiración de figuras que fluyen en sus momentos de reposo y que después va
dibujando el corazón de la madera, con el prodigio de sus manos que más tarde
tendrán un toque de pintura multicolor. Comenzó a tallar cuando era muchacho,
hacía tallas con figuras de pájaros. Después se metió en la agricultura de
conuco encargado de haciendas, entonces dejó las tallas, el tiempo era poco y el
trabajo era duro. Volvió a dedicarse a tallar con los mismos rolitos de palos
del conuco y una laja de piedra, seguidamente vinieron las exposiciones. Terminó
de convencerse que a su edad era ser mejor tallista que conuquero. Sus tallas
fueron conocidas en Valencia, cuando la Señora Josefa, cuyo apellido no
recuerda, estuvo de vacaciones en Canoabo y ella se enteró de las obras de
Viviano Vargas. El, nunca podrá olvidar que fue por un par de pericos y unos
trípticos que aquella señora compró, que Viviano Vargas empezó a ser conocido
como un artista popular y detrás vinieron
sus paisanos, también conocidos en el arte ingenuo venezolano.Aprendió por
su propia cuenta, comenzó por un par de loritos, después vinieron muchas otras
figuras como el tríptico que le llegó a la imaginación un día y así fue
mejorando. Considera que la mejor talla está en el corazón de la madera del
cedro, pero también de la corteza del aguacate, a veces utiliza lija y a veces
piedritas pequeñas, la ocurrencia de sus trípticos le definió un estilo y para
eso no utiliza sierra ni serrucho.
Junto a su esposa Susana Flores de Vargas,
levantó una familia de nueve hijos y la descendencia llega en este momento a mas
de cien nietos, estos cuando se reúnen, cuenta él de una forma muy cordial: “el
taller se convierte en algo parecido a una escuela grande”.
Cuando era mas joven formó con sus hijos y familiares un conjunto
familiar que algunos querían llamar “Los Vivianeros”, solo que para evitar los
malos entendidos en familia acordaron llamarlo “El Conjunto de los Vargas”.
Comentaba : “Cuando eso no había luz en canoabito, el alumbrado era con velas y
querosén, pero las fiestas eran muy buenas y se prolongaban hasta el amanecer. A
muchas familias de Canoabo, llevamos alegría con ese conjunto. Al final también
dejé la música y me puse a hacer los muñecos de madera, me convencí que eso me
daba mas resultado, sin trasnocho por ahí, sino en mi casa, que buen resultados
me dieron y siguen dándome”
Uno de sus cuentos mas célebres fue cuando visitó
la primera vez a Caracas a recibir unos de los tantos premios, ya que fue solo
sin ningún familiar que le acompañara y cuando llegó al piso número 20 del hotel
donde lo hospedaron, consideró que ya estaba cerca de Dios, cuando se encontraba
en la habitación del hotel le pidió agua a la persona quien lo llevó a la
habitación, pasaba el tiempo esperando el agua se encontró con un viejito al
otro lado de la habitación, al que le hablaba y no le respondía, dándose cuenta al rato que era su propia imagen
reflejada en el espejo.
Hoy en día Viviano Vargas no talla, su trabajo lo
heredaron su hijo Félix Vargas y algunos nietos como José Luis Vargas, viviendo
en su humilde casa recibiendo a todo el que quiera divertirse con sus
ocurrencias, historias, anécdotas. Desde aquí mi agradecimiento a su persona y
su familia. Viviano Vargas quedará tallado en www.bejuma.com, su vida y su trabajo se
recordará para siempre desde cualquier rincón del mundo.
Ramón Alberto Rodríguez.