En
el Bejuma de ayer las carnicerías las llamaban Pesas y así como al que
vendía la carne se le conocía como pesador; éstas estaban situadas
generalmente en una esquina o en un local -pulpería- compartido.
La
Pesas tenían un banco alto (mesón), fuerte y largo, un poco angosto, de
4 patas gruesas y, a cada lado, de altura fácil al pesador para cortar
la carne, un soporte para una barra en la cual guindaban los ganchos en
que se colgaba la carne.Hubo en esa época muy buenos pesadores,
recordados hoy, como Don José Antonio Ojeda, Don Rafael Antonio Tovar y
Don Eugenio Lara que pensaba en su negocio. Don Rafael Antonio Tovar
tenía dos pesas: una en la esquina de su casa que atendía su hijo Luis
Fernado y otra en la pulpería del Señor Federicó Nuñez que atendía el
mismo Don Rafael Antonio en la Avenida Bolívar.Los precios de la carne
eran, por esos años, como para recordarlos hoy; vendían por libra, los
huesos y patas, a veces hasta la asadura, las regalaban de ñapa. Estos
eran los precios:
Se
pagaba por el derecho de matar una res Bs. 16,00 y por matar un cerdo
Bs. 5,00 por el permiso.Casi todos los día pesaban una res Los Señores
José Antonio Ojeda, Rafael Antonio Tovar, José R. Romero, Hermanos Lara
Rosa, Sr. Roque Montenegro y Sr. Eugenio Lara.(Año 1925)
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Solomo Abierto
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Bs. 1,00
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Ganzo
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Bs. 1,00
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Pulpa Negra
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Bs. 2,00
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Trasero
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Bs. 1,00
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Solomo Cuerito
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Bs. 2,00
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Carne Blanda
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Bs. 3,00
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Chocozuela
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Bs. 1,20
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Lagarto
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Bs. 1,00
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Falda
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Bs. 1,00
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Pecho
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Bs. 1,50
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Costillas
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Bs. 0,25
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Carne de Cerdo (Cochino)
El que mataba un cochino tenía que pagar un impuesto de Bs. 5,00 y lo vendía en su casa em partes así:
Manteca en latas o botellas.
Chicharrones Bs. 2,00 el kilo
La Carne Bs. 2,00 el kilo
MIgajas para hacer hallaquitas: las regalaban
Cuando
mataban el cochino lo hacían saber al pueblo tirando cohetes pequeños
(los llamaban "cohetes chicharroneros") y solo usabanm 2 o 3 para
avisar. Todo el mundo iba a comprar cochino o chicharrones.Mataban y
vendían cochinos los señores: Rafael Mendoza, Ramón Coronel, Federico
Nuñez y Cecilio Arocha (Año 1925)
(Autora: Anaminta Ruiz Mérida, Cronista de la Ciudad)